domingo, 25 de noviembre de 2012
DIA INTERNACIONAL DE LA ELIMINACION DE LA VIOLENCIA CONTRA LA MUJER
En 1999, la Asamblea General de las Naciones Unidas designó el 25 noviembre como Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer. La violencia contra las mujeres y niñas constituye un problema de proporciones pandémicas. Al menos una de cada tres mujeres en el mundo ha sufrido maltrato, ha sido forzada a mantener relaciones sexuales o ha padecido algún tipo de abuso a lo largo de su vida, generalmente por parte de alguien conocido.
Los defensores de los derechos de las mujeres establecieron a partir de 1981 el 25 de noviembre como día contra la violencia. La fecha conmemora el brutal asesinato en 1960 de las tres hermanas Mirabal, activistas políticas de la República Dominicana, por orden del dictador dominicano Rafael Trujillo (1930-1961).
Se invita a los gobiernos, organizaciones internacionales y ONGs a que este día organicen actividades con el fin de promover la conciencia colectiva del problema. El Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer también constituye el punto de partida de los 16 Días de Activismo contra la Violencia de Género, que se prolongan hasta el 10 de diciembre, Día de los Derechos Humanos.
http://www.un.org/es/events/endviolenceday/
martes, 20 de noviembre de 2012
Conflicto Israel/Gaza: Amnistía Internacional pide embargo internacional de armas y envío inmediato de observadores
Ante
la escalada del conflicto entre Israel y los grupos armados palestinos
en Gaza, Amnistía Internacional ha pedido que se imponga un embargo
internacional de armas y el envío inmediato de observadores
internacionales.
Desde
el 14 de noviembre han perdido la vida decenas de civiles en Gaza y
tres civiles israelíes. Según la información recopilada por la ONU, las
organizaciones locales de derechos humanos y Amnistía Internacional,
ambas partes están cometiendo violaciones del derecho internacional
humanitario.
“Debe
haber cuanto antes observadores internacionales sobre el terreno con
capacidad para investigar las violaciones de derechos humanos y del
derecho internacional humanitario cometidas tanto en Gaza como en
Israel, para que evalúen con independencia e imparcialidad los abusos
cometidos por ambas partes”, ha afirmado Ann Harrison, directora adjunta
del Programa de Amnistía Internacional para Oriente Medio y Norte de
África. “El Consejo de Seguridad de la ONU debe reunirse con carácter
urgente para imponer un embargo internacional de armas sobre Israel,
Hamás y los grupos armados palestinos en Gaza.”
En
tanto se impone el embargo, todos los Estados deben suspender de
inmediato las transferencias de armas, municiones y material conexo a
Israel, el gobierno de facto de Hamás y los grupos armados palestinos en
Gaza.
Las
fuerzas armadas israelíes informan de que han atacado más de 1.350
objetivos en la Franja de Gaza desde el 14 de noviembre. Las fuerzas
armadas israelíes han disparado proyectiles de artillería contra zonas
residenciales densamente pobladas, han atacado edificios gubernamentales
y de medios de comunicación y han bombardeado las viviendas familiares
de miembros de grupos armados palestinos, causando muertos y heridos
entre la población civil palestina.
La
tarde del lunes, Amnistía Internacional había recopilado los nombres de
66 civiles muertos en Gaza, entre ellos 9 mujeres y 17 menores de edad.
El Centro Palestino de Derechos Humanos informó a mediodía del lunes de
que 622 civiles en Gaza habían resultado heridos, muchos con carácter
grave, incluidos 175 niños y 107 mujeres.
“El
número de civiles muertos en Gaza suscita graves dudas en cuanto a la
medida en que las fuerzas israelíes están cumpliendo con su obligación
de proteger la vida de los civiles”, ha afirmado Ann Harrison. “Nos
preocupa profundamente que algunos civiles hayan resultado muertos o
heridos en Gaza como consecuencia de ataques indiscriminados o
desproporcionados por parte de las fuerzas israelíes.”
Los
grupos armados palestinos han disparado más de 1.100 cohetes sobre
Israel desde el 14 de noviembre. La mayoría de esos cohetes no son
dirigibles, y algunos se han disparado desde zonas civiles.
Según
Magen David Adom, la sección israelí del Movimiento Internacional de la
Cruz Roja y la Media Luna Roja, estos ataques ilegítimos han causado la
muerte a tres civiles israelíes y lesiones al menos a 51, graves en dos
de los casos.
Algunos de los cohetes han caído en la propia Franja de Gaza, causando víctimas civiles.
“Los
grupos armados palestinos están disparando cohetes que no se pueden
dirigir contra objetivos militares. Su mismo uso pone en peligro la vida
de civiles y vulnera el derecho internacional humanitario”, ha
manifestado Ann Harrison. “Todos los miembros de la comunidad
internacional deben pedir a ambas partes que consideren prioritaria la
protección de la población civil y cumplan estrictamente el derecho
internacional humanitario. El silencio de algunos Estados muy
influyentes resulta ensordecedor.”
Amnistía
Internacional ve asimismo con suma preocupación los informes según los
cuales el brazo militar de Hamás ejecutó sumariamente a un presunto
colaborador el 16 de noviembre en Gaza.
Los
hospitales de Gaza tienen dificultades para hacer frente a la situación
de emergencia, agravada por la escasez preexistente a causa del bloqueo
israelí impuesto desde junio de 2007. Antes de los enfrentamientos
actuales ya carecían del 40% de la lista de medicamentos esenciales,
según la Organización Mundial de la Salud.
Amnistía
Internacional ha condenado reiteradamente el bloqueo impuesto a la
Franja de Gaza por considerar que se trata de un castigo colectivo para
sus 1,6 millones de habitantes, y ha pedido que se levante por completo.
No
se han rendido cuentas por los crímenes de guerra que cometieron todas
las partes enfrentadas en el conflicto de Gaza e Israel en 2008-2009,
documentados por Amnistía Internacional y la misión de investigación de
la ONU dirigida por el juez Richard Goldstone.
Amnistía
Internacional ha pedido reiteradamente a la Asamblea General de la ONU
que remita al Consejo de Seguridad el informe de la misión de
investigación, conocido como Informe Goldstone, para que éste considere
si se debe remitir la situación a la fiscalía de la Corte Penal
Internacional a fin de que investigue los crímenes de guerra cometidos
por ambas partes.
Dicha
investigación debe abarcar los crímenes de guerra y posibles crímenes
de lesa humanidad cometidos por todas las partes durante el conflicto de
2008-2009, en el que resultaron muertos alrededor de 1.400 palestinos,
entre ellos 300 menores de edad y varios cientos de otros civiles
indefensos. Tres civiles israelíes también resultaron muertos en el
conflicto.
Tras
el fin del conflicto de 2008-2009, Amnistía Internacional ha condenado
que se sigan lanzando cohetes de efecto indiscriminado desde Gaza, así
como los ataques militares israelíes contra Gaza que han causado muertos
y heridos entre la población civil.
La
ausencia de investigaciones imparciales y efectivas sobre los crímenes
cometidos en el pasado hace temer que se repitan los patrones de abusos y
que las víctimas de delitos cometidos en el conflicto actual no tengan
acceso a justicia y reparación.
jueves, 1 de noviembre de 2012
Guantánamo: 10 años de derechos pisoteados
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| Manifestación sobre Guantánamo frente a la Casa Blanca |
A sus 32 años, el ciudadano yemení lleva más de 10 recluido en el centro de detención estadounidense de Guantánamo, Cuba.
La historia comenzó el 11 de septiembre de 2002, cuando las fuerzas de seguridad paquistaníes lo detuvieron en un apartamento de Karachi.
Según contó posteriormente, lo ataron, le vendaron los ojos, lo golpearon con un fusil y lo amenazaron de muerte.
Unos cinco días después lo entregaron a las fuerzas estadounidenses, que lo trasladaron en avión a Afganistán; allí pasó en torno a un mes en un centro secreto gestionado por Estados Unidos, situado en Kabul o en sus proximidades.
Según cuenta, durante ese tiempo sufrió tortura y otros malos tratos, como privación del sueño, posturas forzadas y duchas de agua fría.
A finales de octubre de 2002, Musaab Omar Al Madhwani fue enviado a Guantánamo, tras pasar otros cinco días detenido ilegalmente en la base aérea estadounidense de Bagram y sufrir nuevos abusos.
Limbo jurídico
Pasaron dos años más hasta que tuvo acceso a un abogado, y casi seis hasta que la Corte Suprema de Justicia estadounidense resolvió que él y otras personas recluidas en Guantánamo tenían derecho a impugnar la legalidad de su detención ante un tribunal. Finalmente, la petición de habeas corpus de Musaab Al Madhwani se estudió en 2010.
Han pasado más de 10 años desde que quedó bajo custodia, y Estados Unidos, que no lo ha acusado de ningún delito, alega que tiene derecho a mantenerlo recluido indefinidamente en nombre de su “guerra” global contra Al Qaeda y sus grupos afines.
Las autoridades estadounidenses sostienen que Musaab Al Madhwani viajó a Afganistán en 2001 para recibir entrenamiento con armas de fuego en un campamento de Al Qaeda, en donde afirman que se alió con miembros de la organización.
En 2010, el juez de la Corte Federal de Primera Instancia encargado de estudiar la petición de Musaab al Madhwani que impugnaba la legalidad de su detención otorgó al gobierno el beneficio de la duda. Este juez federal, que describió su fallo como “una causa sumamente hermética”, concluyó que Musaab al Madhwani era “como mucho, una figura menor en Al Qaeda” que al parecer “nunca finalizó su adiestramiento en el manejo de armas”, “nunca disparó un arma en una batalla”, y nunca “planificó conspiraciones terroristas, participó en ellas o siquiera tuvo conocimiento sobre ellas”. En mayo de 2011, la Corte de Apelaciones de Estados Unidos confirmó el fallo.
El juez de la Corte Federal de Primera Instancia consideró que las denuncias de abusos sufridos por Musaab al Madhwani durante su detención e interrogatorio en Afganistán eran “creíbles”. Sin embargo, según parece, los indicios de que fue víctima de desaparición forzada y tortura mientras estuvo bajo custodia estadounidense antes de su traslado a Guantánamo, crímenes recogidos en el derecho internacional, no han dado lugar a una investigación criminal, lo que supone el incumplimiento de las obligaciones jurídicas contraídas por Estados Unidos en el ámbito internacional.
La punta del iceberg
La historia de Musaab al Madhwani ilustra las injusticias cometidas en el marco de la guerra global de Estados Unidos y lo destructivo que sigue siendo ese marco para los principios de los derechos humanos.
Más de 150 hombres siguen recluidos en Guantánamo. Muchos han afirmado que sufrieron tortura y otros malos tratos bajo custodia estadounidense. La rendición de cuentas por estas violaciones de derechos humanos ha sido escasa, y el gobierno de Estados Unidos ha bloqueado sistemáticamente las iniciativas adoptadas por ex detenidos para obtener un resarcimiento por estas violaciones de derechos humanos.
De los 779 detenidos recluidos en la base de Guantánamo desde 2002, sólo uno ha sido trasladado a Estados Unidos para ser juzgado ante una corte federal ordinaria. Otros han sido enjuiciados ante comisiones militares, en procesos que incumplen las normas internacionales sobre garantías procesales. Actualmente, el gobierno pide la pena de muerte para seis de los hombres sometidos a estos juicios, lo que supone una clara violación del derecho internacional.
En el caso de algunos detenidos, el gobierno estadounidense ha “autorizado el traslado” desde Guantánamo, pero no se les puede enviar de vuelta a sus países de origen porque allí sufrirían nuevos abusos. Sin embargo, dado que Estados Unidos se niega a permitir que los detenidos que quedan en libertad permanezcan en su territorio, continúan en Guantánamo hasta que se encuentre una solución enviándolos a un tercer país, algo que puede tardar años en ocurrir.
En septiembre de 2012, un suceso recordó la crueldad de este sistema de detención indefinida, al conocerse la noticia de que el yemení Adnan Farhan Abdul Latif se había convertido en el noveno interno del que se sabía que había muerto en Guantánamo. Llevaba más de 10 años recluido sin cargos ni juicio.
Según las autoridades militares estadounidenses, seis de las ocho muertes anteriores fueron suicidios y dos se produjeron por causas naturales.
Adnan Latif había llegado a Guantánamo en enero de 2002; en diciembre de 2001, la policía paquistaní lo había aprehendido cerca de la frontera de Pakistán con Afganistán y lo había puesto bajo custodia de Estados Unidos.
Llevaba recluido en la base naval desde entonces, a pesar de que su salud física y mental había sido motivo de considerable preocupación a lo largo de los años.
Un juez de una Corte Federal de Primera Instancia resolvió que su reclusión era ilegal y que debía quedar en libertad; cuando una Corte de Apelaciones de Estados Unidos anuló ese fallo, Adnan Latif dijo a su abogado:“Soy un preso condenado a muerte”.
El futuro de Guantánamo
La muerte de Adnan Latif debe constituir un claro mensaje sobre la ilegalidad del centro de detención.
“Para todas las autoridades políticas y judiciales de Estados Unidos, al margen de su ideología política o filosofía judicial, la muerte de Adnan Latif debe poner de manifiesto la crueldad del sistema de Guantánamo, su incompatibilidad con los principios y el derecho internacional de los derechos humanos, y la urgente necesidad de cerrar Guantánamo y dar una solución a las detenciones conforme a las normas y el derecho internacional de los derechos humanos”, ha manifestado Rob Freer, investigador de Amnistía Internacional sobre Estados Unidos.
En su segundo día en el cargo, el presidente Obama se comprometió a que su gobierno cerraría el centro de Guantánamo antes del 22 de enero de 2010 como muy tarde. Describió la prisión como “un experimento erróneo”, y añadió que “se mire por donde se mire, el coste de mantenerlo abierto es muy superior a las complicaciones que conlleva su cierre”. Han pasado más de dos años y medio y sigue abierto.
Las autoridades estadounidenses deben adoptar medidas urgentes para reparar estos 10 años de derechos pisoteados. Quienes siguen recluidos en Guantánamo deben ser sometidos a juicios con garantías ante tribunales ordinarios independientes, o deben quedar libertad; eso es parte de lo que los principios internacionales de derechos humanos exigen a Estados Unidos.
miércoles, 10 de octubre de 2012
Pena de muerte: Una década después, las ejecuciones disminuyen pero los desafíos permanecen
La última década ha sido testigo de importantes progresos
en cuanto a la abolición del uso de la pena de muerte en el mundo pero, antes
de que la pena capital quede relegada al vertedero de la historia, aún quedan
por delante serios desafíos. Así lo ha manifestado Amnistía Internacional al
celebrar, el 10 de octubre, el 10º Día Mundial contra la Pena de Muerte.
La campaña llevada a cabo por una coalición mundial ha contribuido
a que, desde que se celebró por primera vez el Día Mundial en 2003, 17 nuevos
países hayan tomado la decisión de abolir la pena de muerte para todos los
delitos, con lo que la cifra total de países que han abolido esta pena en la
ley o en la práctica asciende ya a 140: más del 70 por ciento de los países del
mundo.
Sin embargo, pese a haberse reducido el número de países
que aplican la pena de muerte, hay unos pocos –entre ellos países poderosos
como Estados Unidos y China– que siguen llevando a cabo ejecuciones con una
atroz regularidad.
“En 2011, sólo 21 países llevaron a cabo ejecuciones,
frente a los 28 que lo hacían cuando se celebró el primer Día Mundial contra la Pena de Muerte. El haber
conseguido que, en ese mismo periodo, 17 países abolieran la pena capital para
todos los delitos es un avance importante”, ha manifestado Widney Brown,
directora general de Derecho Internacional y Política de Amnistía
Internacional.
“Pero, a pesar de este éxito, la batalla contra la pena
de muerte es larga, y queda mucho trabajo por hacer para convencer a los
gobiernos restantes de que abandonen esta práctica de una vez por todas.”
Una clara tendencia abolicionista
Entre los 140 países que han abolido la pena de muerte en
la ley o en la práctica se encuentran Estados que representan a todas las
grandes regiones, culturas y religiones del mundo, así como a diversos sistemas
judiciales.
Desde 2003, cada año una media de dos países ha abolido
el uso de la pena capital para todos los delitos. El más reciente ha sido
Letonia, en enero de 2012.
En ese mismo periodo, 26 nuevos Estados ratificaron el
Segundo Protocolo Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y
Políticos (PIDCP), instrumento respaldado por la ONU sobre la abolición de la pena de muerte. En
la actualidad, el Protocolo cuenta con 75 Estados miembros, tras haber sido
ratificado por Benín y Mongolia este mismo año, y recientemente fue firmado por
Madagascar.
Incluso algunos de los países con el mayor número de
ejecuciones han realizado progresos. En Estados Unidos, varios estados
individuales han abolido la pena de muerte.
Reformas
Otro grupo de países mantiene la pena capital pero ha
introducido reformas importantes para reducir el número de delitos punibles con
ella.
En 2011, entre estos países se encontraban China, Gambia
y Taiwán. China –que es con mucho el país que a más personas ejecuta del mundo–
abolió la pena de muerte para 13 delitos no violentos y en los casos en los que
el acusado es mayor de 75 años. Sin embargo, los delitos para los que se
eliminó la pena de muerte apenas se utilizaban, y el gobierno, al mismo tiempo,
amplió la pena capital a delitos adicionales.
Amnistía Internacional se opone a la pena de muerte en
todos los casos, sin excepción. Sin embargo, puesto que los cambios sobre este
tema suelen ser muy lentos, la organización sigue haciendo campaña para que
todos los Estados dejen de ejecutar a personas condenadas por haber cometido un
delito cuando eran menores, o a personas que sufren discapacidad mental o
intelectual.
La organización insta asimismo a los países a cumplir,
como mínimo, todas las normas internacionales sobre el uso de la pena de
muerte, incluidas las que piden que dicha pena se utilice únicamente en casos
que superen el umbral de “los delitos más graves”, y deje de utilizarse para
delitos de narcotráfico –práctica habitual en Irán, Arabia Saudí y Singapur– y
para otros delitos no letales.
Unos cuantos vestigios letales
Aunque los Estados que ejecutan son una minoría cada vez
más reducida, los homicidios judiciales continúan a buen ritmo. Cada año,
además de la ejecución de un número desconocido de personas en China, hay
países, como Irán, Estados Unidos, Yemen y Corea del Norte, que llevan a cabo
decenas de ejecuciones cada uno de ellos.
En 2012, Irak, la zona de la Franja de Gaza controlada
por Hamás en los Territorios Palestinos Ocupados y Arabia Saudí han aumentado
de hecho su cifra de ejecuciones. Casi un tercio de las personas ejecutadas en
Arabia Saudí en 2012 –65 para principios de octubre– eran presuntos
narcotraficantes, muchos de ellos ciudadanos extranjeros. En Irak, 119 personas
han sido ejecutadas en lo que va de año, casi el doble de la cifra total de
ejecuciones de que se tuvo noticia en todo 2011.
Hay varios países que, en una decisión especialmente
inquietante, han reanudado recientemente las ejecuciones, como Botsuana, Japón
y Gambia. En India, la amenaza de reanudación es inminente. En algunos casos,
las ejecuciones se han reanudado tras un largo paréntesis: Gambia llevaba tres
décadas sin ejecutar penas de muerte.
La discriminación sigue desempeñando un papel importante
en la imposición de la pena de muerte, ya que es frecuente que las personas con
menores recursos económicos, menos acceso a abogados o simplemente un menor
conocimiento del idioma local sean las que terminan condenadas a muerte.
Entre los delitos punibles con la pena capital se
encuentran a menudo delitos “terroristas” vagamente definidos, delitos
relativos a las relaciones homosexuales y delitos “religiosos”.
Además, en algunos países, las personas de determinado
origen étnico o religioso, como las minorías kurdas y religiosas de Irán,
reciben una cantidad desproporcionada de condenas de muerte.
Amnistía Internacional sigue instando a todos los Estados
a abolir la pena de muerte.
Sin embargo, hasta que lo hagan, es fundamental que todo
el proceso cumpla las normas internacionales sobre juicios justos, lo cual
incluye que los cargos y procedimientos judiciales sean transparentes y que la
condena esté sujeta a una revisión judicial obligatoria. Los gobiernos, además,
tienen la obligación de informar sobre todas las condenas de muerte que se
impongan y que se ejecuten.
“Ningún sistema de justicia penal es perfecto, por lo
que, aunque existan salvaguardias, siempre sigue existiendo un riesgo muy real
de ejecutar a un inocente. Ningún Estado puede justificar la asunción de
semejante riesgo”, ha manifestado Widney Brown.
“Esta posibilidad y el carácter irreversible de la pena
de muerte son sólo dos motivos por los que seguiremos haciendo campaña para que
todos los Estados que aún llevan a cabo ejecuciones reconsideren su postura,
con la esperanza de que se unan a la abrumadora mayoría del mundo que ha
abandonado este exponente máximo de pena cruel e inhumana.”
Amnistía Internacional comenzó su campaña global por la
abolición de la pena de muerte en todas las circunstancias en 1977.
Junto con sus socios de la Coalición Mundial
contra la Pena
de Muerte, la organización seguirá promoviendo legislación nacional para abolir
la pena capital, pidiendo ratificaciones adicionales del Segundo Protocolo
Facultativo del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, destinado
a abolir la pena de muerte, respaldando las normas internacionales dirigidas a
abolir o restringir la pena capital, y apoyando la adopción, a finales de 2012,
de la cuarta resolución de la Asamblea General de la ONU, que pide una moratoria de
las ejecuciones con vistas a la abolición de la pena de muerte.
viernes, 28 de septiembre de 2012
PILAR COLL, UNA MUJER QUE DEJO HUELLA: TESTIMONIOS
Pilar Coll y Amnistía Internacional
Por Eduardo Borrel y Elizabeth Selem
Después del fallecimiento de Pilar Coll nos juntamos un rato
en plan de hablar, rememorar, refrescar lo vivido y lo compartido con ella en
los distintos momentos de su vida, especialmente como miembro de Amnistía
Internacional; pero también amiga muy cercana y querida. Pilar integró el Grupo
16 de Amnistía Internacional en 1999. Pronto, comenzó a hacer propuestas que
contemplasen las necesidades de los encarcelados y desplazados. Era partidaria
de realizar acciones concretas y nos empujaba en esa dirección a los miembros
del Grupo.
Después de ocho años de existencia y acción del Grupo, en el
2005 determinamos, Pilar y otros integrantes, pasar a ser "miembros
individuales" para continuar aportando en el Movimiento, cada cual desde
nuestras ubicaciones. Reconocimos que nuestro Grupo estaba conformado por
personas mayores, con sus actividades individuales, profesionales y sociales,
ya bien demarcadas. Pilar se dedicaba a un trabajo importante en beneficio de
los presos de diversas cárceles de Lima desde hacía mucho tiempo, siendo
convocada por ese trabajo en las instancias oficiales y privadas que trataban
la problemática penitenciaria.
También recordamos que Pilar Coll fue propuesta como miembro
integrante de la Comisión
de la Verdad,
pero que, quienes tuvieron que decidir, después de un análisis, no la nombraron
como comisionada por carecer de la ciudadanía peruana. Eso, no impidió que
desde el inicio, colaborara en esa Comisión con el compromiso y la dedicación
que la caracterizaba. En el informe entregado en abril 2004 al pleno de la Sección Amnistía
Internacional Perú encontramos constancia de ello.
Pilar, con su título de abogada, por más que no pudiera
hacer uso del mismo en el Perú siempre estuvo orientada en el universo jurídico
con un tacto especial. Utilizó este saber y su larga experiencia para asesorar
en forma permanente a quienes asumían el gobierno de la Sección peruana de
Amnistía Internacional. Sin embargo, nunca aceptó un cargo directivo, prefirió
colaborar desde el llano.
Ella no pertenecía a una congregación religiosa, sino al
Instituto de Misioneras Seglares. Esta situación le proporcionaba una gran
libertad de espíritu y acción. Podía dedicarse por entero a realizar acciones
que normalmente implican para otras personas recortes en su relación familiar.
Esa libertad también –somos testigos– le llevaría igualmente
a renunciar a la seguridad económica que su Instituto le ofrecía como
alternativa de por vida: decidió asumir el riesgo de ganarse por su cuenta su
sustento y correr la misma suerte de cualquier ciudadano de a pie en el Perú.
Así fue hasta el final.
Su vida misma representaba perfectamente la vela que –con su
luz y calor– simboliza al movimiento de Amnistía Internacional. Su obsesión
eran los Derechos Humanos. En su deseo de hacerlos efectivos trabajó como
miembro de la
Comisión Episcopal de Acción Social-CEAS, y más tarde se
desempeñó como la primera secretaria ejecutiva de la Coordinadora Nacional
de Derechos Humanos. Con toda justicia fue merecedora, además de otros premios
recibidos en España y en nuestro país, de la "Vela de la Esperanza" que le
otorgó Amnistía Internacional-Perú el 15 de diciembre de 2005.
Más testimonios
Las locuras que están por venir, por Belén Roma. Descargar aquí
Carta de despedida desde el Penal Miguel Castro Castro, por
Alberto Gálvez (Beto). Descargar aquí
Existimos a pesar de muchos, por Carmen Cardoza. Descargar aquí
Pilar Coll,
una vida ejemplar, por Wilfredo Ardito. Descargar aquí
viernes, 21 de septiembre de 2012
El Estado debe prevenir y sancionar el uso excesivo de la fuerza durante protestas
Las
autoridades peruanas deben realizar investigaciones exhaustivas e
imparciales sobre todas las denuncias de violaciones de derechos humanos
contra manifestantes y asegurar que las fuerzas policiales empleen
armas de fuego únicamente para proteger la vida, dijo hoy Amnistía
Internacional.
“El
creciente nivel de conflictividad social en relación a la explotación
de recursos naturales en Perú es sumamente preocupante,” dijo Nuria
García, investigadora sobre Perú de Amnistía Internacional. “Y aun más
preocupante ha sido la respuesta de las fuerzas de seguridad ante las
manifestaciones que hasta ahora han dejado un saldo de 16 muertes
presuntamente por miembros de la policía.”
“Las
autoridades tienen la obligación de mantener el orden público, pero
siempre deben desempeñar esta responsabilidad en línea con las normas
internacionales sobre el uso de la fuerza, incluyendo el respeto a los
principios de legalidad, necesidad y proporcionalidad.”
“Del
mismo modo, es de vital importancia que las autoridades garanticen el
ejercicio de los derechos a la libertad de expresión, reunión y
asociación.”
El
20 de septiembre de 2012, Nemesio Poma Ascate de 55 años de edad, murió
tras recibir un disparo efectuado presuntamente por agentes de la
policía durante una protesta contra una empresa minera en Huaraz, en el
sur del país. Durante la protesta, al menos otros 10 manifestantes y 8
policías resultaron heridos.
Nemesio
Poma Ascate sería la decimosexta persona que pierde la vida durante
protestas desde que asumió la presidencia Ollanta Humala.
Miembros
de la comunidad de Mareniyoc en Huaraz habrían bloqueado la carretera
de acceso a la minera Barrick Misquichilca S.A. en protesta por la falta
de cumplimiento de su compromiso de dotarles de agua potable.
Para más información o para solicitar una entrevista, favor de contactar a:
Josefina Salomón
+44 7778 472 116
jueves, 26 de julio de 2012
A un año del gobierno de Ollanta Humala Amnistía Internacional solicita un cambio en las intervenciones policiales frente a las protestas sociales
A lo largo de los
últimos meses, Amnistía Internacional ha expresado su preocupación por el
elevado número de ciudadanos fallecidos en los enfrentamientos entre las
fuerzas policiales y la población que participa en diversas protestas sociales.
En el marco del nombramiento de un nuevo Ministro del Interior, reitera su
solicitud al Estado peruano para que se produzca un cambio en las
intervenciones policiales.
Amnistía Internacional
en varias ocasiones ha solicitado al gobierno peruano que se disponga la
prohibición a las Fuerzas Policiales de emplear armas de fuego, salvo que sea
estrictamente inevitable para proteger la vida, como señalan los Principios
Básicos sobre el Empleo de la Fuerza y de Armas de Fuego por los Funcionarios
Encargados de Hacer Cumplir la Ley, aprobados por las Naciones Unidas en 1990.
En este contexto,
Amnistía Internacional considera especialmente importante asegurar que se evite
toda agresión a los defensores y defensoras de derechos humanos. Amnistía
Internacional ha condenado las agresiones físicas y verbales que, según
diversos organismos de derechos humanos, sufrieron en los últimos meses los
integrantes de la Vicaría de Sicuani, Jaime Borda y Romualdo Ttito, las
abogadas Genoveva Gómez, de la Defensoría del Pueblo y Amparo Abando, de la
Coordinadora Nacional de Derechos Humanos, así como el líder ambientalista
Marco Arana. Todos estos casos, así como las muertes de manifestantes, deben
ser investigadas y sus responsables, adecuadamente sancionados.
Amnistía Internacional
hace un llamado también a los dirigentes sociales para que eviten todo hecho de
violencia que pueda poner en peligro la integridad física de las personas o generar
daños a la propiedad.
Finalmente, Amnistía
Internacional considera muy importante que el Congreso revise adecuadamente el
Proyecto de Ley 81/2011, para asegurar que el uso de la fuerza letal por parte
de la Policía Nacional se realice solamente de acuerdo a los estándares
internacionales mencionados.
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